Hay instrumentos que pertenecen a una música y otros que terminan modificándola para siempre. El bandoneón pertenece a esta segunda categoría. Llegó desde Alemania sin imaginar el destino que encontraría en el Río de la Plata y terminó transformando la respiración, el fraseo, los acentos y hasta la dramaturgia sonora del tango. Más de un siglo después, Pablo Jaurena vuelve sobre esa historia en Fueyerías, pero decide hacerlo desde un lugar poco transitado: escuchar qué sucede cuando el bandoneón se encuentra únicamente con otros bandoneones.
El resultado es una obra de escala excepcional. Trece piezas, 31 bandoneonistas, cinco países, tres continentes y grabaciones realizadas entre Buenos Aires, Córdoba, Tokio, París, Madrid y Medellín. Hay dúos, tríos, cuartetos, quintetos y sextetos; intérpretes que atraviesan varias generaciones y músicos cuyas edades recorren un arco de casi setenta años. Sin embargo, reducir Fueyerías a la magnitud de esos números sería perder de vista su verdadero interés. El disco no es una reunión multitudinaria de instrumentistas: es una investigación musical convertida en álbum.
La palabra que le da título contiene buena parte de su programa estético. “Fueye”, en el lunfardo porteño, es bandoneón. Jaurena imagina la “fueyería” como una escena de encuentro, algo que ocurre cuando dos o más bandoneones comparten un espacio musical. La definición tiene algo de invención popular y algo de manifiesto: el centro de la obra no está en el instrumento aislado, sino en las relaciones que pueden producirse entre sus múltiples voces.
La idea comenzó a tomar forma a partir de una transcripción. Durante la pandemia, Jaurena recuperó Recuerdos de bohemia, un arreglo de Astor Piazzolla para cuatro bandoneones registrado en 1972 junto a Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos y Antonio Ríos. Descifrar aquella trama homogénea —cuatro instrumentos del mismo timbre superponiendo líneas, ataques y contrapuntos— terminó abriendo una pregunta: qué otros repertorios habían sido escritos para ensambles de bandoneones y cuánto de esa historia permanecía disperso entre grabaciones antiguas, archivos y partituras poco frecuentadas.
De esa pesquisa surge una de las dimensiones más importantes de Fueyerías. El álbum trabaja sobre un repertorio marginal incluso dentro de la extensa discografía del tango. Mientras la orquesta típica, el quinteto, el sexteto y diferentes formaciones instrumentales construyeron un archivo inmenso, los conjuntos integrados exclusivamente por bandoneones ocuparon un espacio mucho menor. Jaurena decide entrar precisamente allí: en una zona lateral de la historia.
Por eso una parte del proyecto funciona como auténtica arqueología sonora. Se recuperan arreglos que llevaban décadas sin interpretarse, músicas cuyas partituras no estaban disponibles e incluso versiones que habían sobrevivido únicamente en registros circunstanciales. Loca bohemia, por ejemplo, recupera un arreglo realizado para cuatro figuras extraordinarias —Daniel Binelli, Leopoldo Federico, Dino Saluzzi y Rodolfo Mederos— en un homenaje televisivo a Astor Piazzolla de 1986. Nunca había llegado al estudio de grabación.
Otro caso particularmente significativo es Flores negras. La pieza reconstruye el arreglo interpretado por Leopoldo Federico junto a Horacio Cabarcos y los bandoneonistas japoneses Ryota Komatsu, Satoshi Kitamura y Jun Hayakawa durante la última gira de Federico por Japón, en 2003. Más de dos décadas después, la música vuelve a ocurrir: esta vez queda registrada y se incorpora a un archivo que antes dependía fundamentalmente de la memoria de quienes habían participado de aquella experiencia.
Pero Fueyerías no confunde rescate con restauración. Jaurena comprende que un archivo musical sólo permanece vivo cuando puede volver a ser intervenido. Junto a las reconstrucciones históricas aparecen composiciones concebidas especialmente para el proyecto y nuevos arreglos. Juanjo Mosalini aporta Lomé; JP Jofré, Before the Curtains; Rodolfo Mederos, Un Dios hecho cenizas; mientras Damián Torres y el propio Jaurena firman Fresco de mañana, y Jaurena incorpora también Paisaje cafetero. Pasado y presente dejan así de organizarse cronológicamente para convivir dentro de una misma escucha.

Ese cruce generacional constituye probablemente el gesto más poderoso del álbum. Víctor Lavallén, Rodolfo Mederos, Néstor Marconi, Lisandro Adrover y Daniel Binelli comparten el proyecto con músicos de generaciones posteriores y jóvenes intérpretes de Argentina, Francia, España, Colombia y Japón. Algunos fueron protagonistas directos de momentos decisivos de la historia del tango; otros recibieron esa tradición cuando ya se había convertido en repertorio. En Fueyerías, todos vuelven a encontrarse como contemporáneos.
La particularidad tímbrica del proyecto hace todavía más complejo ese diálogo. Reunir varios instrumentos idénticos podría conducir fácilmente hacia una masa sonora indiferenciada. Los arreglos trabajan en la dirección contraria. Los bandoneones se distribuyen funciones, intercambian registros, construyen contrapuntos, articulan bloques rítmicos y se separan nuevamente en voces individuales. A veces funcionan como una pequeña orquesta; otras, como una conversación de cámara.
El mecanismo mismo del instrumento adquiere entonces una dimensión compositiva. Cada bandoneón produce sonido mediante aire; cada frase depende físicamente de abrir y cerrar el fuelle. Cuando esas respiraciones se multiplican, la música parece adquirir una fisiología propia. Los ataques pueden volverse secos y percusivos; los acordes, densos; las líneas contrapuntísticas, casi orquestales. Y en los pasajes más contenidos permanece esa fragilidad particular del instrumento: el sonido existe mientras haya aire para sostenerlo.
También cambia nuestra percepción del tango. Al retirar buena parte de los elementos habituales de sus formaciones instrumentales, quedan expuestas algunas de sus estructuras profundas. No hay piano que organice necesariamente la armonía ni una fila de cuerdas que complete la textura. El propio bandoneón debe producir melodía, acompañamiento, ritmo, contrapunto y color. Aquello que normalmente constituye una voz dentro del conjunto se convierte aquí en el conjunto entero.
Jaurena conoce ese universo desde múltiples posiciones. Es intérprete, compositor, arreglador y docente, pero en Fueyerías aparece además una figura decisiva: la del investigador. Su trabajo no consiste solamente en ejecutar las obras, sino en localizarlas, transcribirlas, reconstruir sus circunstancias históricas, convocar a quienes pueden volver a darles sentido y generar nuevas partituras capaces de continuar esa genealogía. La producción discográfica se aproxima así a una práctica de investigación artística.
Esa perspectiva explica también la geografía del álbum. Grabar en seis ciudades de tres continentes no funciona como estrategia cosmopolita. Documenta una realidad: el bandoneón hace tiempo dejó de pertenecer exclusivamente al Río de la Plata. Japón desarrolló una relación extraordinariamente profunda con el tango; París fue uno de sus históricos territorios de expansión; España y Colombia albergan actualmente intérpretes y escenas vinculadas al instrumento. Fueyerías convierte esa diáspora en parte de su argumento.
La paradoja es fascinante. Un instrumento construido en Alemania encontró en Argentina un lenguaje que terminó definiéndolo culturalmente y, desde allí, volvió a desplazarse por el mundo transformado en otra cosa. Su identidad contemporánea es inevitablemente transnacional, aunque el tango continúe funcionando como su memoria fundamental.
En ese sentido, Fueyerías puede escucharse también como una reflexión sobre la transmisión. Una tradición no permanece viva porque conserve intactos sus objetos, sino porque existen personas capaces de recibirlos, estudiarlos y modificarlos. La presencia conjunta de músicos de distintas edades vuelve audible ese proceso: el conocimiento pasa de una generación a otra no mediante una línea recta, sino a través de encuentros, partituras, grabaciones, clases, escenarios y recuerdos.
Después de Retrato del aire, donde Jaurena había colocado al bandoneón en la situación radicalmente solitaria de sostener por sí mismo todo el discurso musical, Fueyerías realiza el movimiento inverso. Si aquel álbum preguntaba cuánto mundo podía contener un solo bandoneón, este parece preguntarse qué mundo aparece cuando muchos de ellos comienzan a escucharse. La respuesta no es únicamente musical.
Porque Fueyerías termina funcionando simultáneamente como disco, archivo y documento cultural. Recupera músicas que corrían el riesgo de permanecer en los márgenes de la historia, registra a maestros fundamentales mientras todavía es posible escucharlos y encarga nuevas obras para que ese repertorio no quede clausurado en el pasado. No construye un museo del bandoneón: amplía su biblioteca.
Quizás allí se encuentre la verdadera dimensión de la obra. Pablo Jaurena no intenta establecer una historia definitiva del instrumento. Propone una genealogía posible: fragmentaria, afectiva, rigurosa y necesariamente incompleta.
En Fueyerías, el pasado no aparece detrás de la música y el futuro tampoco está delante. Ambos ocurren al mismo tiempo, cada vez que varios fuelles se abren, toman aire y vuelven a cerrarse. Y durante unos segundos, una tradición entera vuelve a respirar.
Fueyerías
Pablo Jaurena
iNB26-004
Tango - Álbum
Idea original y producción general:
Pablo Jaurena
Producción musical:
Pablo Jaurena
Ignacio Varchausky
Producción artística:
Pablo Jaurena
Federico Guevara Olguín
Pablo Jaurena es bandoneonista, compositor, arreglador y director argentino, una de las voces contemporáneas del bandoneón vinculadas a la renovación y proyección internacional del tango y la música instrumental argentina. Nominado al Latin GRAMMY® a Mejor Álbum de Tango por Retrato del aire, su primer álbum solista.
Pablo Jaurena is an Argentine bandoneonist, composer, arranger, and conductor—a contemporary voice of the bandoneon associated with the renewal and international reach of tango and Argentine instrumental music. He was nominated for the Latin GRAMMY® for Best Tango Album for *Retrato del aire*, his debut solo album.

