Hay músicas a las que se regresa porque todavía guardan preguntas. Para Matías Martino, la obra de Horacio Salgán parece pertenecer a esa categoría: un territorio frecuentado durante años que, lejos de agotarse, continúa revelando posibilidades. En El pirulero, el pianista argentino vuelve sobre una composición del maestro para llevarla a un formato de piano y percusión en el que la relectura se convierte, una vez más, en una forma de creación.
El vínculo entre Martino y la música de Salgán tiene historia. Formado con Hilda Herrera y dedicado desde hace años a investigar los lenguajes pianísticos de la música argentina, en 2017 publicó El otro Salgán, un trabajo que recuperó la faceta folklórica menos conocida del compositor. Aquella experiencia dejaba al descubierto una afinidad que excedía la admiración: Martino parecía encontrar en Salgán una determinada manera de comprender el oficio del arreglador, donde armonía, ritmo, contrapunto y humor musical pueden convivir dentro de una escritura de enorme precisión.
El pirulero prolonga esa conversación desde otro lugar. En lugar de aproximarse a la pieza como una reliquia del repertorio, Martino trabaja sobre sus mecanismos internos. La melodía permanece reconocible, pero alrededor de ella el piano despliega acentos, desplazamientos, tensiones armónicas y pequeños acontecimientos contrapuntísticos que obligan a escuchar nuevamente aquello que parecía conocido.
La percusión resulta decisiva en esa operación. Su incorporación amplía el campo rítmico de la obra y establece con el piano una relación que evita la simple división entre melodía y acompañamiento. El ritmo se convierte en una materia compartida: aparece en los ataques, en las síncopas, en los silencios y en esa particular elasticidad del fraseo que permite que la música avance sin volverse mecánica.

Allí aparece una característica central de la escritura salganeana. En Salgán, la sofisticación armónica nunca puede separarse del pulso. Sus arreglos y composiciones contienen una arquitectura minuciosa, pero también picardía, movimiento y una permanente capacidad de alterar las expectativas del oyente. Martino conoce esa gramática y evita simplificarla. Antes que domesticar sus complejidades, las utiliza como punto de partida para construir una interpretación propia.
Su relación con el piano también resulta fundamental. Martino pertenece a una tradición de intérpretes para quienes abordar las músicas populares argentinas implica comprenderlas desde el instrumento, no simplemente trasladarlas hacia él. Su formación y su recorrido por el folklore y el tango —junto con experiencias posteriores atravesadas por el jazz y la improvisación— han ido configurando una manera de tocar en la que el arreglo funciona como pensamiento musical. La partitura establece un territorio; la interpretación decide cómo recorrerlo.
Por eso El pirulero puede escucharse también como una pequeña declaración estética. No hay aquí una intención arqueológica ni una búsqueda de fidelidad entendida como reproducción. Hay respeto por la obra precisamente porque existe voluntad de intervenirla. Martino conserva aquello que hace reconocible el lenguaje de Salgán y, al mismo tiempo, modifica sus perspectivas mediante el color, la articulación y la interacción rítmica.
La elección resulta especialmente significativa dentro de una escena musical que vuelve una y otra vez sobre el patrimonio argentino. Entre la reconstrucción historicista y la transformación radical existe un espacio menos evidente: el de los intérpretes capaces de hacer contemporánea una obra sin obligarla a dejar de ser aquello que es. El pirulero se instala en ese lugar.
En pocos minutos, el single reúne así varias generaciones de la música argentina. Está Salgán y su manera excepcional de pensar el piano; está la tradición interpretativa transmitida por maestros como Hilda Herrera; y está Martino, que recibe ese conocimiento para devolverlo transformado por su propia experiencia.
Quizás allí resida el verdadero sentido de volver sobre un clásico. No tocarlo para recordar cómo sonaba, sino descubrir cuánto futuro permanecía todavía escrito entre sus notas. En El pirulero, Matías Martino no intenta actualizar a Horacio Salgán. Hace algo más interesante: lo escucha desde el presente y permite que su música vuelva a ocurrir.
El pirulero
Matías Martino
iNB26-010
Folclore - Álbum
Compositor:
Horacio Salgán
Adaptación para piano y percusión:
Matías Martino
Productor artístico:
Matías Martino
Invitado:
Ariel Sánchez (Percusión)
Matías Martino
Destacado pianista, compositor y arreglador cordobés de música popular argentina, reconocido por su lenguaje propio en el folklore y el tango, habiendo acompañado a referentes como Chango Spasiuk, Jairo, Pedro Aznar y Cecilia Todd.

