Toda agrupación atraviesa un momento decisivo: aquel en que deja de dialogar con la tradición para comenzar a dialogar consigo misma. Frutal, tercer álbum de Trío MJC, documenta precisamente ese instante. Después de años dedicados a reinventar el repertorio de la música popular argentina y de construir un lenguaje capaz de tender puentes entre el folklore, el tango, el jazz y la música de cámara, Jorge Martínez, Pablo Jaurena y Mauro Ciavattini toman una decisión reveladora: prescindir de las obras heredadas y confiar únicamente en sus propias composiciones.
El resultado no es una ruptura con el pasado, sino su consecuencia natural. Frutal confirma que la verdadera tradición no consiste en repetir un repertorio, sino en producir nuevas músicas capaces de integrarse a él. Allí donde los discos anteriores del trío encontraban en el arreglo una forma de creación, este álbum traslada esa misma mirada al terreno de la composición original. La identidad ya no se busca; se manifiesta.
Las once obras que integran el disco funcionan como pequeñas geografías musicales. Siesta en Pirané, Niño de sal, El cielo de Luis, Chayando al viejo, Buen vivir o De Formosa a Córdoba no describen paisajes: los evocan desde la memoria. Cada título sugiere un territorio físico o afectivo que encuentra continuidad en una escritura donde la melodía conserva la sencillez de la música popular mientras la arquitectura formal revela un trabajo compositivo de notable elaboración.
Desde hace tiempo, Trío MJC ha demostrado que la elección instrumental constituye una declaración estética. Piano, bandoneón y vientos conforman una formación poco habitual dentro de la música argentina, pero esa singularidad nunca aparece como una búsqueda de originalidad superficial. En Frutal, el piano de Jorge Martínez construye la perspectiva armónica y narrativa; el bandoneón de Pablo Jaurena despliega un fraseo que oscila entre la introspección y el impulso rítmico; mientras los múltiples registros de Mauro Ciavattini —del saxo soprano a la quena y el clarinete bajo— amplían constantemente el horizonte tímbrico de la obra. Más que tres instrumentos, el álbum presenta una única respiración sonora.

Uno de los aspectos más notables del disco reside en la naturalidad con que integra múltiples tradiciones sin necesidad de nombrarlas. Hay chacareras, aires de chamamé, huellas de zamba, ecos de tango y procedimientos heredados del jazz contemporáneo, pero ninguno de esos lenguajes aparece como una cita explícita. Todo ha sido absorbido por una escritura que privilegia la continuidad antes que el contraste. La música no cambia de género; cambia de paisaje.
La composición colectiva también alcanza aquí una madurez singular. Aunque cada integrante aporta obras propias, el disco nunca transmite la sensación de un catálogo de individualidades. Los arreglos, desarrollados por el propio trío, operan como un dispositivo de cohesión donde cada pieza termina formando parte de un discurso común. La escucha compartida sustituye cualquier protagonismo instrumental, y esa renuncia al lucimiento individual constituye una de las mayores fortalezas del álbum.
Desde el punto de vista interpretativo, Frutal confirma una ética que ha acompañado a Trío MJC desde sus comienzos: la técnica nunca aparece desligada del sentido musical. No hay demostraciones de virtuosismo ni gestos efectistas. Las tensiones se construyen mediante la dinámica, el contrapunto, el manejo del silencio y la administración del tiempo. Cada intervención parece responder menos al deseo de ocupar un espacio que a la necesidad de sostener un equilibrio colectivo.
La producción sonora acompaña esa misma filosofía. Grabado en los históricos Estudios ION de Buenos Aires, el registro conserva la transparencia acústica del ensamble y permite apreciar la riqueza tímbrica de cada instrumento sin perder la sensación de unidad. La mezcla privilegia la profundidad antes que el impacto, favoreciendo una escucha donde los pequeños detalles terminan adquiriendo un peso estructural.
Escuchado hoy, Frutal puede entenderse como la obra donde Trío MJC alcanza su plena madurez autoral. Si Arreglos planteaba una nueva manera de leer el repertorio argentino y El viento los amontona consolidaba una estética del encuentro entre tradición y contemporaneidad, este tercer disco demuestra que el grupo ya no necesita dialogar con las obras del pasado para afirmar su identidad. Sus propias composiciones ingresan con naturalidad en ese paisaje cultural al que antes acudían como intérpretes.
Hay una metáfora silenciosa contenida en el título del álbum. Un fruto no representa el comienzo de un árbol, sino la evidencia de su crecimiento. Frutal es exactamente eso dentro de la discografía de Trío MJC: el momento en que una búsqueda sostenida durante años alcanza su madurez creativa. No como un punto de llegada, sino como la confirmación de que la música popular argentina sigue encontrando nuevas formas de florecer cuando la tradición deja de entenderse como una herencia inmóvil y comienza a vivirse como un acto permanente de creación.
Frutal
Trío MJC
iNB18-003
Tango / Folclore - Álbum
Producción artística:
Trío MJC
Fede Guevara Olguín
Dirección y arreglos:
Pablo Jaurena (Bandoneón)
Jorge Martínez (Piano)
Mauro Ciavattini (Vientos)
Trío MJC es un ensamble argentino de música instrumental contemporánea integrado por Jorge Martínez (piano), Pablo Jaurena (bandoneón) y Mauro Ciavattini (aerófonos). Formado en Córdoba en 2005, desarrolla una propuesta que reinterpreta las tradiciones del tango y el folklore argentino desde un lenguaje abierto al jazz, la música de cámara y la creación contemporánea.
Trío MJC is an Argentine contemporary instrumental music ensemble comprising Jorge Martínez (piano), Pablo Jaurena (bandoneón), and Mauro Ciavattini (wind instruments). Formed in Córdoba in 2005, the group reinterprets the traditions of tango and Argentine folk music through a musical language open to jazz, chamber music, and contemporary composition.

